Presentación del cartel 2012 por Pepe Espinel

Dar en primer lugar las buenas noches a todos, la bienvenida y el agradecimiento por atender la llamada de la Hermandad para escuchar a este humilde presentador que sólo viene a contar cosas de su vida y de su barrio. Con el único aval de haberlo vivido, mejor o peor, pero a mi manera.

Mi agradecimiento a la Junta de Gobierno de la Hermandad por creer que estoy capacitado para hacerlo y habérmelo confiado con la cercanía y el afecto que lo habéis hecho.

Y especialmente mi agradecimiento a Mari Jóse por su presentación tan extremadamente cariñosa conmigo, sabes bien que el cariño es mutuo, y por haberme metido en este embolado del que ya he sacado una cosa en claro, solamente recordando lo que he vivido, ya ha merecido la pena preparar este texto.

Hoy es día 17 de marzo. Tal día como hoy, en una fecha bendita en los difíciles años cuarenta veía la luz por primera vez la persona a la que quiero dedicar mis palabras en el día de hoy, como mi humilde regalo de cumpleaños. El destino ha querido que tenga la suerte de teneros hoy conmigo después de algunos meses muy complicados de salud, en vuestra parroquia, justo enfrente de donde hemos visto correr el reloj durante los últimos veinte años. Por eso, para hablar del Padre y la Madre del cielo, que mejor que dedicarlo al padre y la madre de la tierra a los que agradezco cada pizca de lo poquito que pueda ser. Para vosotros, una vez más, mi infinita gratitud, y mis palabras en este día.

Decía que hoy es 17 de marzo. En tan sólo 15 días nos echaremos a la calle para gritar en silencio que somos militantes de la Iglesia, que la Pasión y Muerte de Jesús no pasó de ninguna manera desapercibida para nosotros. Que el hecho más relevante de la historia, casi nada, es que aquel hombre que no había destacado ni por su poder ni su riqueza material, era sometido a un martirio infinito, crucificado de manera injusta y Resucitaba al tercer día. Tan sencillo, pero que 2000 años después algunos siguen empecinados en negar.

15 días para desplegar nuestras legiones de hermanos vestidos de nazarenos formando un reguero interminable de fe desde los barrios y hasta el centro, para colmar de buen gusto la presentación de cada uno de los pasos. Pondremos banda sonora a la semana más efímera del año. Los metales anunciarán la muerte del Señor y los tambores volverán a redoblar las conciencias. Benditas marchas de Semana Santa, pentagramas creados por hombres para ponerle música al caminar de Dios. La flor volverá a recordarnos la virginal presencia de María, su perfume, su aroma de Madre. Volveremos a saborear aquellos dulces que murieron con la semana de pascua. Nos iremos a la calle para patear una ciudad totalmente tomada por Cristo y su Bendita Madre.

Nos volveremos locos enredándonos en el quejío de una saeta, nos quedaremos ensimismados con la cadenciosa caricia sobre el varal y resurgiremos como una levantá al cielo, de las que convierten a tus costaleros en auténticos héroes. Para esmerarnos en el detalle más íntimo, no se puede dejar nada a la improvisación.

La plata, reluciente.
Las cornetas, afinadas.
La túnica y el costal, perfectamente planchados.
La fe, por las nubes.
Y la ilusión, en el infinito.

15 días de sueño por sentir que llega, viviendo la víspera desde la mañana a la noche. Reviviendo antes de vivir lo que queremos que llegue, o lo mismo no queremos que llegue, para seguir sintiéndolo llegar. Somos así de complicados. El hecho, es que en tan sólo 15 días reviviremos los misterios de la Muerte y Resurrección de nuestro Señor, y todo volverá a ser igual, pero lo viviremos de forma diferente.

Tenemos que realizar un esfuerzo, especialmente en estas fechas tan complicadas de la historia que nos ha tocado vivir, para seguir siendo profetas de nuestro Señor, aunque a veces tengamos la sensación de que estamos clamando en el desierto. Para ello no tenemos que hacer nada especial. Sólo trasladar el evangelio a una filosofía de vida en la que prevalezca el amor al prójimo. Así en la vida laboral, muchas veces tan complicada, podemos llevar la “esencia” de lo que debe hacer un seguidor de Cristo. En la vida familiar, respetando a la familia y entregando a cada uno de tus cercanos todo lo mejor de ti. Siendo servicial y cercano para todos.
Cuantas veces Señor, al ver tu dedo índice señalando el camino que debemos seguir, me acuerdo de aquel proverbio que nos enseña que “cuando el sabio señala a la luna, el tonto se fija en el dedo”. Por qué no miramos más allá de tus falanges doloridas y dejamos de reconfortamos en tu dolor para comprender el nuestro. Debemos mirar más allá, hacia donde nos indicas, hacia el lugar por donde María, ejemplo de servicio y vocación, camina firmemente. Ya lo hizo ella en Belén o en Caná. Sólo basándonos en una fe que sea cimiento de todo lo demás, conseguiremos alcanzar algo tan terrenal como es la felicidad, pero no aquella que nos da el dinero o el poder, sino la que nos proporciona vivir en el evangelio, en plena comunión con Cristo, sintiendo a su Madre como mediadora.

Por eso, déjame Señor que yo sienta mi felicidad y te encuentre en la sonrisa de mi niña Laura cuando sus ojos azules son faro en la oscuridad para encontrar el camino, o en la carcajada de mi niño Pepe que es capaz de ilusionarme en los momentos más bajos, o en un gesto cómplice con mi mujer, con la que llevo compartidos los últimos doce años de mi vida, compañera imprescindible de viaje, o en tantas y tantas cosas por las que tengo que darte las gracias cada día. Es mi filosofía de lo cotidiano. La del vaso medio lleno, pero no porque lo esté, sino porque bebo de tu fuente, Señor.

Decía Machado que su infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla. Mi infancia, mi adolescencia, están ligados a este barrio tan falto de tradiciones, pero que tanto sabor ha conseguido tener gracias a la permanencia de muchos de sus negocios, o de sus mismos vecinos, que llegaron aquí hace 35 ó 40 años, y ya pasean nietos de la mano por sus calles.

El barrio de la glorieta está marcado a golpe de paseos por su plaza y ratos interminables de tertulia en su lateral, desde el café Holandés y hasta el antiguo Cámara. Hablar del Leño, Drago, taberna Laly o de Globos tampoco nos resulta extraño a nadie. Ha sido andén de melancolías, como aquellas viejas estaciones de tren, de bienvenidas y despedidas durante tantos años en la estación de autobuses. Cuánto se fue también cuando cambiaste de barrio para siempre…

Es revuelo de niños de Regina Mundi, San Isidoro, Los Agustinos, La Asunción o Los Maristas, vaivenes de uniformes, de amores compartidos, de ilusiones por llegar. Resuenan de lejos las campanas de las Siervas. Niños con baberos que acuden de la mano de sus madres, juego en los columpios y olor a tapa de la buena. Adolescencia en Pedro Antonio de Alarcón o en la Plaza de Einstein, de helados en la Isla de Capri y platos combinados del Naranja Burguer. Me he pelado en Javier Salazar, el pescado de Mari, a comprar al Covirán y los periódicos en Alfredo o San Isidoro. La ropa de niño, de la cigüeña y si se estropea el coche, a Frenos Granada.
Un barrio se hace a golpe de vivencias, y tú me has tenido durante casi veinte años bebiendo de tus vientos, y todavía no sé ni cómo te llamas. Eres un barrio en plena creación de su personalidad, pero todos y cada uno de los que nos reunimos aquí esta noche estamos orgullosos de ti. De tu constante evolución. De tus vecinos nuevos, y de los antiguos. Porque compartirás conmigo, que el barrio no se hace en dos días. Y que a ti no te gusta compararte con nadie, porque total… cada barrio es su barrio, con sus cosas.

Lo que no me quita nadie, es sentirte como algo mío cada vez que paseo por tus calles. Ni soñar con tantos y tantos momentos vividos formando parte de ti. No valoramos el pasado hasta que el presente se lo ha engullido de un bocado, te lo ha quitado para quedárselo. Y por eso, para mirar al futuro no hay más remedio que hacerlo con los cimientos de lo que ya has vivido.

Te has enriquecido enormemente con el Parque García Lorca, auténtico pulmón de la ciudad por donde da gusto pasear, y están empeñados en quitarte la vida poco a poco con el dichoso metropolitano. Distrito Ronda, barrio de la Glorieta, del Hipercor o la Redonda… El barrio de la Alegría, necesita Resucitar cada día.
Recuerdo un Domingo de Resurrección, debía de ser el del año 1989 ó 1990 en el que vi pasar el paso de Cristo Resucitado, casi a vista de pájaro, desde mi terraza de un sexto piso en el Edificio Atalaya. Aquello parecía cosa de un sueño, un paso de Semana Santa había pasado bajo mi balcón. Quién iba a decir que en muy poco tiempo se convertiría en mi Hermandad.

Conocíamos de la existencia de la Hermandad porque muy pequeño ya era adicto a la misa de los niños, la de las doce, que revolucionó completamente el barrio, teniendo que venir con tiempo para coger sitio en aquel gran espectáculo de la celebración de la Eucaristía. Son de las cosas que marcan.

He compartido durante tres años catequesis en la parroquia, he asistido también a catequesis en el colegio, con sor Inma, cuando la presencia de un ente masculino todavía era algo extraño. Aprendí mucho de todos esos años, siendo época de convertirse en una esponja, y por eso mi agradecimiento a mi Parroquia y a las Hijas de la Caridad. Inolvidables eran las fiestas de la Milagrosa, del día de la Cruz o las convivencias en Monachil. Tiempo de aprender, pero también de cultivar la amistad.
En ese contexto y siendo presentado por mis vecinos Joaquín Llorens y Pepita Navarro, me apunto a la Cofradía de Cristo Resucitado en el año 92. Muchas Semanas Santas he compartido con ellos y sus hijos el paso de las Hermandades desde su palco en la plaza de las Pasiegas. En esa misma cuaresma me pusieron la medalla, y recuerdo con especial terror la noche anterior ya que no sabía exactamente en qué consistía ese acto de la imposición de medallas. Estaba tremendamente asustado por si me hacían hablar… justo aquí… donde ahora les cuento toda esta historia 20 años después. Son las cosas del destino.

He vestido Señor la túnica de nazareno de Tu Hermandad durante cinco años, saliendo de casa junto con Joaquín, Jesús y una pequeñísima Eugenia Llorens. En dos ocasiones portando cirio en la cintura, el primero de ellos coincidiendo con la primera salida procesional de Nuestra Señora de la Alegría, y otros dos llevando con orgullo, también de nazareno, pero con capa, la bandera de las Juventudes Marianas Vicencianas. Cuando la veo pasar cada Domingo de Resurrección, no puedo evitar dejar de sentir que llevan algo un poco mío, un trocito de mi historia.

He asistido a tu bendición, Madre de la Alegría, en un día muy especial para todos. He disfrutado con el pregón de Resurrección que anualmente se celebraba, un año en San Miguel Arcángel y otro en Regina Mundi, organizado por las dos cofradías que veneran a Cristo Resucitado en Granada. Memorables los conciertos de la Agrupación de Pepe Ripoll por entonces. Y qué decir de la Agrupación Virgen de la Estrella que lleva con nosotros desde la fundación de la Hermandad, cuando el paso llegaba sólo hasta la plaza de los Lobos.

Inolvidables aquellos años de “Alma de Dios” o de aquel primer disco bajo la dirección del recordado Joaquín Tesifón, que conservo como una auténtica pieza de museo. Es muy difícil entender el paso de Cristo Resucitado sin la Agrupación Musical Virgen de la Estrella poniendo sones al caminar glorioso del Señor por las calles de Granada. Están hechos el uno para el otro.

Inolvidables las comidas que celebraba la Cofradía en el comedor de Regina Mundi, sobre todo aquellas migas con chocolate. La ilusión en la mañana del Domingo de Resurrección. La preparación de la Estación de Penitencia en la parroquia. He vivido la Hermandad desde dentro vistiendo la túnica de nazareno, desde fuera como fiscal de calle junto a mi buen amigo Jorge Cabrerizo, te he visto desde Regina y desde el Sagrario, a pie de calle y desde la terraza en el número 13 del edificio Atalaya. He tenido la suerte de que mi amigo Curro Carrasco me dejara dar una llamá a vuestros costaleros en la calle Mesones hace dos años. He compartido mesa con Gerardo y José Ángel Sabador, admiración por su padre, amistad y la experiencia más importante de mi vida en la Jornada Mundial de la Juventud junto con Eduardo y Mari Jóse. Os conozco mucho más en profundidad ahora, y estoy orgulloso de que llevemos a Cristo Despojado o Resucitado, que en el fondo es el mismo, por bandera. Admiración también por Alfonso Arenas y su Junta de Gobierno por seguir haciendo que esta gloriosa Hermandad sea una bendita realidad cada año. Granada necesita a Cristo Resucitado y tenéis necesariamente que estar ahí para dar respuesta.

En el día de hoy nos reúne la presentación de un cartel que de por sí sólo está presentado. La estupenda edición e impresión de Clave Granada y el cariño cofrade de su director Rafa Jiménez vuelve a estar presente en un cartel. El objetivo experimentado de Manuel Lirola ha conseguido captar un momento íntimo de la mañana del Domingo de Resurrección, cuando todo se prepara para lo que tiene que ser, cuando la suerte está echada y Cristo Resucitado y su Madre de la Alegría se disponen a mostrar a toda Granada que la Vigilia Pascual ha servido para Resucitar a la Vida lo que estaba muerto.

Qué tiene Tu luz, Cristo Resucitado, que nos hace avanzar firmemente en las tinieblas. Te eriges como torre vigía tras la Resurrección y todo el mundo quiere compartir tu palabra. El que lo sabe, y también el que te niega, porque te busca, y eso nunca podrá negarlo.

Tienes el airoso caminar del que triunfa, seguro de sí mismo, con la fortaleza que te imprimió Barbero, pero con la mirada Dulce que te otorgó el Padre. Con tu mano derecha nos enseñas el futuro, y con la izquierda recoges el pasado enredado en tu sudario. Nunca le pides cuentas a nadie.

Tampoco te presentas con nada en el haber, Despojado como tú sólo de todo lo humano, de lo que no te hace falta. Tan parecido a nosotros, pero a la vez tan diferente. Siempre lleno de Dios. Por eso, aunque a veces me pregunte por qué. Tu siempre me respondes porque… No soy capaz de preguntarte sin que me respondas. Ni negarte sin que lo sepas. Cuando cierras una puerta, abres una ventana, o dos, o tres. Eres necesario Señor cada día, y más en estos tiempos de tremenda convulsión económica que vivimos, y nos hace tener experiencias desgarradoras. Te he visto en el llanto de una mujer a la que amenazan con el desahucio, pero también te he visto en las manos generosas de la parroquia que le ayuda. ¡Cómo te las apañas Señor para estar en todos lados!

Detrás, como siempre, sin protagonismos, callada, María sigue con paso firme al encuentro de Jesús. Tienes presencia de Madre, en un abrazo sin mesura en el que nos acoges a todos. Eterna mediadora para llegar a Cristo, siempre a Jesús por María.

¿Y qué digo de ti, Madre? Si cada vez que dudo me convences. No sé si es que seré frágil, o que no hay quien sea capaz de oponerse a tus argumentos. Lo dices todo con la misma dulzura con la que secabas tus lágrimas en el pañuelo cuando parecía que todo estaba perdido. Sólo con decirte Ave María ya me respondes, eres llena de Gracia y bendita entre todas las mujeres, causa de mi Alegría, bendita sea por siempre tu pureza María. El almendro ha florecido, y se convierte en este adelanto de la primavera en una alfombra de pétalos blancos que nos regala tu Virginal vientre. María de la Alegría, la que siempre supo decir que sí, sin dudarlo. La que recoge nuestras oraciones cuando no sabemos o podemos llegar a Él.

El más joven de los Evangelistas y María Magdalena se sorprenden ante tu presencia. Y el misterio se convierte en callada catequesis de los días de Semana Santa que proclaman a gritos tu gloria. La cera ya está encendida, el martillo preparado. Seguramente, los costaleros aguardan el primer toque de martillo. El paso que tallara Moreno Carrasco se convierte en trono para el Rey de Reyes. El olor de la parroquia del Sagrario es especial, a historia, a tantos siglos albergando al Cuerpo de Cristo. Seguramente tu cortejo ya está formado, la Cruz de Guía avanzará por la plaza de Alonso Cano, cierro los ojos y revivo tus nazarenos avanzando por la glorieta. Suena la música, para marcar tu primera chicotá todavía dentro del templo, vuelvo a cerrarlos y te veo avanzar sobre el seto que antecede a la parroquia de Regina Mundi, y ¡parece que vas andando! Te siento Señor, muy cerca.

Ya camina Jesucristo
Desde Arabial a Granada
Y has dejado en el camino
Tus monjitas que esperaban
Las flores con las que ungían
Esa Imagen tan Sagrada.

Vas con tu Madre gloriosa

Corriendo, que necesita
Sentir que Cristo renace
Que nunca ha muerto en sus faldas.

Es triunfal tu presencia

Señor de Regia Mirada,
Nos señalas con Tu dedo
La verdad de Tu Palabra,
El color de Tu camino,
La brisa de Tu Esperanza,
Siguiendo siempre de frente
Al mundo que tú soñaras,
El que yo siempre interrumpo
Con mi pecado y mi falta.

Resucitaste Señor

¡Lo haces cada jornada!
Cuando despierto en la noche
Y al romper la madrugada
Me regalas un día nuevo
Para vivir esta magia
De sentirme Tu cofrade
Seguidor de Tu Palabra
Enamorado de la vida,
Si son regalos del Cielo
De mi niña, la mirada
De mi niño, su sonrisa
Y mi mujer que me ama
Sólo gracias Señor
Por permitir tanta gracia.

Déjame para despedirme

Recogiendo una campana
de la que tocan tus niños
y que el sonido despierte
al corazón que no ama
resonando sus metales
de la vega hasta la Alhambra.

Repiqueteo de niños

cuando llega la alborada.
Repiqueteo de niños
para un mundo que Te llama.
Campanillos, no dejéis
de redoblar las campanas
que tocan los corazones
al llegar Semana Santa,
y queremos escucharos
siguiendo a la Cruz de Guía
el domingo en la mañana.

No rendiros, campanillos

Que redoblen las campanas
sin parar ningún momento
y cuando estemos cansados
con más fuerza y con más ganas.

Toca niño sin descanso

que redoblen las campanas
que Cristo ha Resucitado
y su Madre lo proclama
cuando ese bendito domingo
al despuntar la mañana
Resucitaste a la vida
Resucitaste a Granada.

He dicho.