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Mensaje del Consiliario

Cuando salga este número de nuestra revista a la calle ya habrá empezado la Cuaresma, ese tiempo privilegiado en el que la Iglesia entera se dispone a prepararse para celebrar con gozo la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. Desde luego, en Cuaresma todo son preparativos y actividad casi frenética para tener bajo control todos los detalles que dan dignidad a una salida procesional: las costaleros con sus ensayos, los Hermanos limpiando enseres y clasificando las túnicas de procesión, el cabildo ordinario para ultimar detalles de la salida, la reunión para las papeletas de sitio…, todo son preparativos. Y es bueno que lo hagamos así.

Todos esos detalles de la procesión ya están primorosamente atendidos, pero Cuaresma es también, y sobre todo, preparar el corazón para que pueda cantar el domingo de Resurrección “¡Cristo Vive, ha resucitado”. Para que ese grito sea sincero se necesitan estos cuarenta días de desierto, porque la misión de la Cuaresma no es otra que la de saborear anticipadamente estos bienes pascuales.

Por eso, desde estas líneas, me gustaría contribuir a preparar también el corazón para la inminente Pascua de Cristo. Te sugiero que te adentres en la experiencia de la Cuaresma, que es, ante todo:

Experiencia de conversión. Convertirse es comprometerse con el Señor a seguir mostrando su Reino a los hombres, convertirse es aceptar que la Vida que sale del evangelio es la vida que yo quiero llevar, convertirse es dejar atrás las actitudes de una vida sin Dios para ser el hombre nuevo conducido por el Espíritu de Dios, convertirse es abandonar una vida sin exigencia de amor para pasar a vivir en la vida la exigencia del amor, convertirse es ponerte en manos de Dios para que él te conduzca por senderos que ignoras pero que te acercan a la felicidad… ¿Quieres adentrarte en este desierto de conversión?

Experiencia de amor. Atravesada la puerta de la conversión, el Señor nos invita a subir con él al monte Tabor, quiere que nos transfiguremos con él. Cuaresma, en efecto, es transfiguración de amor, por amor. Y es que el amor siempre cambia a la persona, le hace brillar de una manera especial. Pero para amar así hay que irse vaciando poco a poco de ese “YO” tan grande que nos incapacita para darnos por completo a los demás, para la escalada de fe con el Señor.

Experiencia de poda que da frutos. Cuando Cristo se están despidiendo de los suyos antes de su Pasión, comparte con ellos el secreto de la vida cristiana: permanecer en su amor, al igual que el sarmiento permanece unido a la vid. Nuestra vida está destinada a dar frutos, y a darlos de amor. Difícilmente podremos hacerlo si no permanecemos unidos a Cristo, como el sarmiento a la vid. Y todo buen labrador sabe que para producir buenos frutos y seguir unidos, hay que podar lo seco, lo inútil, lo inservible. Meter la tijera en las paredes del alma duele, pero es poda necesaria para reverdecer. Sin poda, no hay primavera. ¿Qué habría que extirpar en tu corazón para vivir unido a Cristo dando frutos de amor? Piénsalo y mete sin dudar la tijera.

Experiencia de perdón. Tras la conversión, el amor y la poda, llegamos a comprender el valor del perdón en nuestra vida. La cuaresma nos invita a sentirnos un poco como aquel centurión romano, indigno de que el Señor entrara en su casa. Pero una vez más nos encontramos con la infinita misericordia de Dios que me mira a los ojos y me dice: “Yo tampoco te condeno”, y me coge de la mano, y me levanta, y me devuelve mi dignidad, y me restituye la alegría de la vida, y me lanza de nuevo a ella con el corazón como página en blanco para que escriba sobre él la historia de su amor. Un buen momento para gozar de este perdón de Dios es la celebración que tendremos en la parroquia el día 7 de abril a las 8 de la tarde. Si puedes, reserva un hueco para esta experiencia de amor.

 

Cuatro experiencias sencillas que harán de esta cuaresma un verdadero tiempo de gracia y darán pleno sentido a la Resurrección del domingo. No dejes de recorrer las cuatro, y hazlo en compañía: Cristo es tu compañero de viaje (déjate acompañar), la Iglesia es el grupo en el que te insertas (forma parte de él), la Hermandad es la espiritualidad que bebes, sacia tu sed.

Feliz cuaresma.

P. José Fco. Orozco Ortigosa C.M.

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