En memoria. A los que no están

(A Maribel, su madre, para que Cristo Resucitado
le de fuerzas para afrontar este trance)

De ése día recuerdo poco, creo que hacía sol, que era jueves, veintiuno y que era octubre... y el otoño se oscureció.

La noticia me la dio mi padre, por teléfono. Su voz la noté quebrada, abatida. Rota. Fue escueto, yo no me di cuenta de la situación hasta minutos después, fue como si un pitido se metiera en mi cabeza y no te dejara escuchar nada más, sólo la repetición de las palabras de mi padre una y otra vez. Llamé a mi hermano, por inercia, intenté recordar, no se por qué, la última vez que la ví y no la recordé. Y el pitido y la calle en silencio, llena de gente.

Y el tiempo se detuvo y aún sigue así. En aquella mesa de operaciones no solo se quedó Isabel, nuestra Isabelilla, a la cual conocía casi desde que nació; también se quedó su insultante juventud, sus pocos más de veinte años, sus proyectos... su vida. También se quedó un poco de nuestras vidas.

A partir de ahí vinieron la sucesión de un serie de horas que suelen ser un calco unas de otras.

Isabel Gómez Bravo, era miembro de la Junta de Gobierno de nuestra cofradía desde que nuestro actual Hermano mayor, Alfonso Arenas, se hizo cargo de la Hermandad. Siempre participó en la Estación de Gloria desde campanillo hasta el último Domingo de Resurrección, flamante con su mantilla negra.

También fue miembro de Jesús Despojado, Costalera de la Virgen de la Caridad y de Jesús de la Meditación. Esa vena cofrade se la inculcó su padre, Enrique Gómez (q.e.p.d) y seguro que este año se fajan el uno al otro, allá arriba en el cielo, para colarse bajo una parihuela de madera y llevar sobre sus hombros la noticia que todos los cristianos esperamos: que Jesús, tras su Pasión y Muerte, ¡HA RESUCITADO!

Es complicado para un cofrade del Resucitado, hablar de la muerte, pero sin ella, la Resurrección, eje principal de nuestra fe, sería inviable.

Isabel, tras tu ausencia, nuestra vida será distinta pero en todos nosotros has dejado la semilla de tu enorme Amor a Dios y tu enorme compromiso cristiano. Este año será especialmente duro, ya que tras cualquier esquina, tras cualquier variación de un paso, voy a creer que te veo, con tu sonrisa siempre dibujada en la cara y los nervios que solo los cofrades sabemos lo que son en esos días, los abrazos sin palabras y las lágrimas de emoción. Isa, siempre te llevaré dentro, tu vacío sólo lo podremos llenar con la certeza que ¡JESÚS VIVE!

José Ángel Sabador Manzano

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