Mensaje de error

Deprecated function: Array and string offset access syntax with curly braces is deprecated in include_once() (line 20 of /homepages/6/d437476993/htdocs/surrexit/includes/file.phar.inc).

Mensaje de nuestro consiliario

P. José F. Orozco Ortigosa

Aunque suene a tópico, hay que decirlo una vez más: nos encontramos ante cambios muy serios y profundos en lo tocante a la vivencia de la fe. El contexto social de nuestros padres, que permitía una transmisión de la fe de generación en generación casi de una forma automática, ya no existe y Dios ha sido expulsado de espacios que antes ocupaba con normalidad. Vivimos, como lo ha definido el Papa Benedicto XVI, un eclipse de Dios, una total indiferencia ante la cuestión de Dios y la práctica de la fe: no se trata ya de afirmar que no existe, sino de encogerse de hombros ante la mera cuestión de Dios; «creer o no creer no cambia nada en mi vida, no me aporta nada», suele decirse el hombre de hoy.

A este mundo transformado y cambiante, que en el mejor de los casos se encoge de hombros ante Dios y en el peor manifiesta una aguda hostilidad, le hemos de anunciar la Buena Noticia del Evangelio de Jesús; hemos de hacerle cercana y conocida la persona de Cristo; hemos de saber crear espacios en donde sea posible el encuentro personal con Él, puesto que solo el encuentro con el Logos de Dios tiene capacidad para transformar la vida y conducirla hacia su plenitud. El Papa Pablo VI lanzaba ya en 1976 (ha llovido mucho desde entonces, pero no tanto en estas cuestiones de fe) este reto a todos los cristianos: ciertamente «los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si por negligencia, por miedo, por vergüenza o por ideas falsas omitimos anunciarlo?» (Evangelii Nuntiandi, n.º 80).

Nuestra responsabilidad para que Dios se haga presente en nuestro mundo y el hombre de hoy tenga la posibilidad de encontrarlo es grande; el reto ante el que nos encontramos es el de estar firmemente enraizados y edificados en la fe, como nos recordaba la pasada JMJ de Madrid, construyendo nuestra vida sobre la roca de Cristo. Ante este desafío me surgen varias preguntas: ¿cómo podremos transmitir aquello que no tenemos, Aquel en quien no vivimos, Aquel en quien creemos de manera superficial y poco significativa? Hemos, pues, de evaluar, en primer lugar, la calidad de nuestra fe, que es tanto como poner en cuestión nuestro modo de ser y de sentirnos cristianos, discípulos de Jesucristo, testigos llamados a convertir a los hombres de todas las naciones en discípulos (Cf. Mt 28, 19ss).

Para ayudarnos en esta evaluación viene un año más la Cuaresma con su recuerdo de convertirnos y creer en el evangelio de Jesucristo. Ciertamente, si se trata de ser testigos en un mundo que vive a Dios como ausente, no podremos darle aquello que no tenemos ni vivimos; si se trata de transmitir a Cristo como buena noticia, no podremos hacerlo si no creemos y vivimos en Cristo.

No vale echar balones fuera diciendo que sí, que somos cristianos, pero que es que la cosa es muy difícil, que uno solo no puede, que la gente se reiría si… Podremos excusarnos diciendo que el mundo de hoy no es el mejor de los escenarios soñados, pero nuestra forma de estar en él, si nuestro corazón está convertido a Cristo, es la adhesión, confesión y defensa de la fe. Pero no una fe cualquiera, sino una fe verdadera que hace vivir en plenitud la propia existencia al ser el centro y eje de la propia vida; una fe que brota de la opción personal y libre por Dios al estilo de quien ha encontrado la perla preciosa y es capaz de dejarlo todo por ella; una fe que tiene como centro la persona de Cristo y su Palabra descubierta en el Evangelio y saboreada en el silencio de la oración; una fe que se recibe en gratuidad (es don de Dios) y se hace fuerte en gratuidad (se da a los demás como regalo) porque es, ante todo, don gratuito de Dios que consolida y da sentido a todas las dimensiones de la existencia.

La Cuaresma vivida en esta clave se convierte en una ocasión privilegiada para purificar y consolidar nuestra fe en lo esencial, abandonando lo inauténtico y lo falso que siempre se nos cuela por donde menos esperamos.

Categoria Surrexit: 
Social: